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Ricardo Palma

Publicado por Unknown
(Lima, 1833 - Miraflores, 1919) Escritor peruano, creador de un género intermedio entre el relato y la crónica, que renovó la prosa sudamericana. Aunque se le considera integrante de la escuela romántica, su obra no obedece del todo a sus presupuestos, salvo por algunos matices estilísticos que empleó como soporte formal. Es cierto que en su juventud hizo una apasionada defensa del romanticismo, pero luego lo juzgaría con gran severidad y trazaría su propio derrotero artístico.
Hijo de familia humilde, realizó sus estudios en el Colegio de Noel, el Colegio de Orengo y el Convictorio de San Carlos, donde al parecer fue alumno externo. En 1848 empezó su carrera literaria, según propia confesión, formando parte del grupo que después él mismo denominaría "La bohemia de mi tiempo". Comenzó escribiendo poesía, a la vez que ejercía el periodismo en diversas publicaciones periódicas (la mayoría de existencia efímera) como redactor o crítico de espectáculos, para lo cual usó múltiples seudónimos.

Ricardo Palma
En 1849 escribió su primer drama, El hijo del sol, que no se llegó a representar, y aunque obtuvo algún éxito en el poco exigente medio limeño, alrededor de 1858 dejó de escribir teatro. En la actualidad sólo conocemos de su producción teatral el drama Rodil(1851), redescubierto cien años después de su publicación (pues Palma procedió a la destrucción de los ejemplares) y la comedia El santo de Panchita, escrita en colaboración con Manuel Ascensio Segura e incluida en la recopilación de obras de este último publicada con el título de Teatro (1869). Tras probar el género histórico con el libro Corona patriótica(1853), Palma empezó a componer de relatos breves de diversa índole, desde el ensayo costumbrista al romance histórico, que serían el germen de sus posteriores Tradiciones peruanas.
En 1853 pasó a formar parte del Cuerpo Político de la Armada Peruana como oficial tercero, correspondiéndole prestar servicio en la goleta Libertad, el bergantín Almirante Guisse, el transporte Rímac (donde estuvo a punto de morir a consecuencia del naufragio de la nave en marzo de 1855) y el vapor Loa. En 1857 fue separado momentáneamente del ejercicio de su cargo por haber secundado la sublevación del general Ignacio de Vivanco contra el gobierno de Castilla, pero su participación política más importante se produjo en 1860, con ocasión del frustrado asalto a la casa del presidente ejecutado por un grupo de civiles y militares de tendencia liberal, liderados por José Gálvez.
Tras el fracaso del intento golpista, Palma se embarcó rumbo a Chile y llegó a Valparaíso los últimos días de 1860. Durante su permanencia en esta ciudad, el escritor frecuentó los salones literarios y perteneció a la Sociedad Amigos de la Ilustración, colaborando en la Revista del Pacífico y la Revista de Sudamérica, de la cual llegó a ser redactor principal. En agosto de 1863, luego de ser amnistiado, emprendió el regreso al Perú.
En julio de 1864 fue nombrado cónsul en el Pará, pero parece que no llegó a ejercer el cargo, solicitando y obteniendo una licencia que empleó en viajar por Europa. En 1865 regresó al Perú para ponerse a órdenes del gobierno, que se encontraba en conflicto con España, participando en el combate del Callao del 2 de mayo de 1866 como asistente de José Gálvez. Al año siguiente intervino en la sublevación del coronel José Balta y, cuando Balta fue elegido presidente en 1868, lo nombró secretario particular; fue además elegido senador por la provincia de Loreto. Tras el asesinato de Balta en 1872, Palma se retiró a la política para dedicarse exclusivamente a la literatura. El mismo año publicó la primera serie de sus Tradiciones peruanas.
Cuando en 1879 se declaró la guerra con Chile, Palma ya era uno de los literatos más reconocidos del continente americano y colaborador frecuente de las principales publicaciones literarias sudamericanas. Durante la guerra participó en la defensa de la capital peruana. En 1881, las tropas de ocupación incendiaron su casa ubicada en el balneario de Miraflores, con lo que perdió su biblioteca personal, el manuscrito de su novela Los Marañones y sus memorias del gobierno de Balta.
Decepcionado, pensó aceptar el ofrecimiento que en 1833 le hizo el dueño del diario La Prensa de Buenos Aires para que se trasladase con su familia a esa ciudad para ejercer de redactor literario del periódico, pero el presidente Miguel Iglesias lo convenció para que aceptase la dirección de la Biblioteca Nacional del Perú, que se encontraba destruida como consecuencia de la guerra. Su labor al frente de esta institución, donde contó con un presupuesto exiguo, fue verdaderamente encomiable, no dudando en utilizar su prestigio literario para solicitar a personalidades de diversas partes del mundo la donación de libros, ganándose el apelativo de El bibliotecario mendigo.
El 28 de julio de 1884 Palma logró inaugurar la nueva Biblioteca Nacional del Perú. Siguió ocupándose de su dirección, labor momentáneamente interrumpida por su viaje a España como representante del Perú al Noveno Congreso Internacional de Americanistas, celebrado con ocasión del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América (1892-93). En febrero de 1912 renunció al cargo por discrepancias con el gobierno, que nombró en su lugar al escritor Manuel González Prada, antiguo adversario de Palma.
González Prada atacó la gestión de su predecesor en una Nota informativa acerca de la Biblioteca Nacional(1912), lo que motivó la respuesta de Palma en su folleto Apuntes para la historia de la Biblioteca de Lima(1912), donde hace un recuento de su labor al frente de la institución. Alejado de su labor como bibliotecario y convertido en el patriarca de las letras peruanas, Palma se retiró a vivir al balneario de Miraflores, donde pasó los últimos años de su vida. Cuando murió fue enterrado con honras fúnebres correspondientes a Ministro de Estado y se declaró duelo nacional.
La obra de Ricardo Palma
De reconocido prestigio en el mundo cultural hispanoamericano, Ricardo Palma es la figura más significativa del romanticismo peruano y uno de los escritores mejor dotados del siglo XIX americano. Polifacético, espíritu renovador y progresista, su actividad literaria se desarrolla en campos muy diversos.
Como poeta siguió la corriente romántica europea de Zorrilla, Heine, Victor Hugo y Byron. Dentro del género lírico publicó Poesías (1855), Armonías. Libro de un desterrado (1865), Pasionarias (1870), Verbos y gerundios (1877) y Enrique Heine. Traducciones (1886). Reeditó gran parte de su obra poética en el libroPoesías (1887), que llevó como introducción el estudio "La bohemia limeña de 1848 a 1860. Confidencias literarias". Posteriormente publicó su poema A San Martín (1890), que originó una protesta del gobierno chileno por considerarlo ofensivo a ese país. Su último libro de versos fue Filigranas. Aguinaldo a mis amigos (1892). Fue también compilador de Lira americana. Colección de poesías de los mejores poetas del Perú, Chile y Bolivia (1865).
Entre sus trabajos históricos podemos mencionarAnales de la Inquisición de Lima (1863), el polémicoMonteagudo y Sánchez Carrión. Páginas de la historia de la independencia (1877) y su Refutación a un compendio de historia del Perú (1886), cuyo ataque a los jesuitas motivó que el Congreso peruano declare la prohibición del establecimiento de esta orden religiosa en el país. Su labor como principal gestor y presidente de la Academia Peruana de la Lengua desde el 5 de mayo de 1887 está representada por los Anales de la Academia Correspondiente de la Real Española en el Perú (1887), y especialmente por sus valiosas sugerencias a favor de la admisión de nuevos vocablos contenidas en sus librosNeologismos y americanismos (1896) y Papeletas lexicográficas (1903). Publicó además Recuerdos de España (1898), sobre su viaje a ese país en 1892, que después sería reeditado con el título Recuerdos de España precedidos de La bohemia de mi tiempo(1899).
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César Vallejo

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(Santiago de Chuco, 1892 - París, 1938) Escritor peruano. César Vallejo es acaso una de las figuras de mayor relieve dentro del vanguardismo hispánico. De origen mestizo y provinciano, su familia pensó en dedicarlo al sacerdocio: era el menor de los once hermanos; este propósito familiar, acogido por él con ilusión en su infancia, explica la presencia en su poesía de abundante vocabulario bíblico y litúrgico, y no deja de tener relación con la obsesión del poeta ante el problema de la vida y de la muerte, que tiene un indudable fondo religioso.
Vallejo hizo los estudios de segunda enseñanza en el Colegio de San Nicolás (Huamachuco). En 1915, después de obtener el título de bachiller en letras, inició estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Trujillo y de Derecho en la Universidad de San Marcos (Lima), pero abandonó sus estudios para instalarse como maestro en Trujillo.
En 1918 César Vallejo publicó su primer poemario:Los heraldos negros, en el que son patentes las influencias modernistas, sobre todo de Julio Herrera y Reissig. Esta obra contiene, además, muestras de lo que será una constante en su obra: la solidaridad del poeta con los sufrimientos de los hombres, que se transforma en un grito de rebelión contra la sociedad.
Acusado injustamente de robo e incendio durante una revuelta popular (1920), César Vallejo pasó tres meses y medio en la cárcel, durante los cuales escribió otra de sus obras maestras, Trilce (1922), que supone la ruptura definitiva con el modernismo y con el nacionalismo literario.
En 1923, tras publicar Escalas melografiadas y Fabla salvaje, César Vallejo marchó a París, donde conoció a Juan Gris y Vicente Huidobro, y fundó la revistaFavorables París Poema (1926). En 1928 y 1929 visitó Moscú y conoció a Maiakovski, y en 1930 viajó a España, donde apareció la segunda edición de Trilce. De 1931 son su novela Tungsteno y el cuento de Paco Yunque, y un nuevo viaje a Rusia. En 1932 escribió la obra de teatro Lock-out y se afilió al Partido Comunista Español. Regresó a París, donde vivió en la clandestinidad, y donde, tras estallar la guerra civil, reunió fondos para la causa republicana.
Entre sus otros escritos destaca la obra de teatroMoscú contra Moscú, titulada posteriormente Entre las dos orillas corre el río. Póstumamente aparecieronPoemas humanos (1939) y España, aparta de mí este cáliz (1940), conmovedora visión de la guerra de España y expresión de su madurez poética. Contra el secreto profesional y El arte y la revolución, escritos en 1930-1932, aparecieron en 1973.


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José María Arguedas

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(Andahuaylas, 1911 - Lima, 1969) Escritor y etnólogo peruano, renovador de la literatura de inspiración indigenista y uno de los más destacados narradores peruanos del siglo XX.
Sus padres fueron el abogado cuzqueño Víctor Manuel Arguedas Arellano, que se desempeñaba como juez en diversos pueblos de la región, y Victoria Altamirano Navarro. En 1917 su padre se casó en segundas nupcias (la madre había muerto tres años antes), y la familia se trasladó al pueblo de Puquio y luego a San Juan de Lucanas. Al poco tiempo el padre fue cesado como juez por razones políticas y hubo de trabajar como abogado itinerante, dejando a su hijo al cuidado de la madrastra y el hijo de ésta, quienes le daban tratamiento de sirviente.

José María Arguedas
En 1921 se escapó con su hermano Arístides de la opresión del hermanastro. Se refugiaron en la hacienda Viseca, donde vivieron dos años en contacto con los indios, hablando su idioma y aprendiendo sus costumbres, hasta que en 1923 los recogió su padre, quien los llevó en peregrinaje por diversos pueblos y ciudades de la sierra, para finalmente establecerse en Abancay.
Después de realizar sus estudios secundarios en Ica, Huancayo y Lima, ingresó en 1931 en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima para estudiar literatura. Entre 1932 y 1937 trabajó como auxiliar de la Administración Central de Correos de Lima, pero perdió el puesto al ser apresado por participar en una manifestación estudiantil a favor de la República Española.
Tras permanecer alrededor de un año en la prisión El Sexto, fue nombrado profesor de castellano y geografía en Sicuani, en el departamento de Cuzco, cargo en que descubrió su vocación de etnólogo. En octubre de 1941 fue agregado al Ministerio de Educación para colaborar en la reforma de los planes de estudios secundarios. Tras representar al profesorado peruano en el Congreso Indigenista Interamericano de Patzcuaro (1942), reasumió su labor de profesor de castellano en los colegios nacionales Alfonso Ugarte, Nuestra Señora de Guadalupe y Mariano Melgar de Lima, hasta que en 1949 fue cesado por considerársele comunista.
En marzo de 1947 fue nombrado Conservador General de Folklore en el Ministerio de Educación, para posteriormente ser promovido a Jefe de la Sección Folklore, Bellas Artes y Despacho del mismo ministerio (1950-52). En 1953 fue nombrado Jefe del Instituto de Estudios Etnológicos del Museo de la Cultura Peruana, y el mismo año comenzó a publicar la revista Folklore Americano (órgano del Comité Interamericano de Folklore, del que era secretario), la cual dirigió durante diez años.
A este cargo sucedieron el de director de la Casa de la Cultura del Perú (1963-1964) y director del Museo Nacional de Historia (1964-1966), desde los cuales editaría las revistas Cultura y Pueblo e Historia y Cultura. También fue profesor de etnología y quechua en el Instituto Pedagógico Nacional de Varones (1950-53), catedrático del Departamento de Etnología de la Universidad de San Marcos (1958-68) y profesor en la Universidad Nacional Agraria de la Molina desde 1964 hasta su muerte, ocurrida a consecuencia de un balazo que se disparó en la sien y que ocasionaría su fallecimiento cuatro días después. Fue galardonado con el Premio Fomento a la Cultura en las áreas de Ciencias Sociales (1958) y Literatura (1959, 1962) y con el Premio Inca Garcilaso de la Vega (1968).
La obra de José María Arguedas
La producción intelectual de Arguedas es bastante amplia y comprende, además de obras de ficción, diversos trabajos, ensayos y artículos sobre el idioma quechua, la mitología prehispánica, el folclore y la educación popular, entre otros aspectos de la cultura peruana. La circunstancia especial de haberse educado dentro de dos tradiciones culturales, la occidental y la indígena, unido a una delicada sensibilidad, le permitieron comprender y describir como ningún otro intelectual peruano la compleja realidad del indio nativo, con la que se identificó de una manera desgarradora.
Por otro lado, en Arguedas la labor del literato y la del etnólogo no están nunca totalmente disociadas, e incluso en sus estudios más académicos encontramos el mismo lenguaje lírico que en sus narraciones. Y aunque no era diestro en el manejo de las técnicas narrativas modernas, su literatura (basada especialmente en las descripciones) supo comunicar con gran intensidad la esencia de la cultura y el paisaje andinos.
Arguedas vivió un conflicto profundo entre su amor a la cultura indígena, que deseaba se mantuviera en un estado "puro", y su deseo de redimir al indio de sus condiciones económicas y sociales. Se puede decir que la añoranza a las formas tradicionales de la vida andina hizo que postulara un estatismo social, en abierta contradicción con su adhesión al socialismo.

José María Arguedas
Su obra revela el profundo amor del escritor por la cultura andina peruana, a la que debió su más temprana formación, y representa, sin duda, la cumbre del indigenismo peruano. Dos circunstancias ayudan a explicar la estrecha relación de Arguedas con el mundo campesino. En primer término, que naciera en una zona de los Andes que no tenía mayor roce con los estratos occidentalizados; en segundo lugar, que su madrastra lo obligara a permanecer entre los indios tras la muerte de su madre. De esa manera asimiló la lengua quechua, y lo mismo sucedió con las costumbres y los valores éticos y culturales del poblador andino.
Esta precoz experiencia, vivida primero y simbolizada en su escritura por la oposición indios/señores, se vería más tarde reforzada con los estudios antropológicos. Como resultado de esta trama, la vida de Arguedas transcurrió entre dos mundos no sólo distintos, sino además en contienda. De allí surgió su voraz voluntad de interpretar la realidad peruana, la permanente corrección de sus ideas sobre el país y la definición de su obra como la búsqueda de una imagen válida de éste.
Ya desde sus primeros relatos se advierte la problemática que terminaría por presidir toda su escritura: la vida, los azares y los sufrimientos de los indios en las haciendas y aldeas de la sierra del Perú. Allí también se presenta esa escisión esencial de dos grupos, señores e indios, que será una constante en su obra narrativa. El espacio en que se desarrollan sus relatos es limitado, lo que permite a esta oposición social y cultural mostrarse en sus aspectos más dramáticos y dolorosos. El derrotero de Arguedas ya está trazado; aunque en su fuero interno vive intensamente la ambigüedad de pertenecer a dos mundos, su actitud literaria es muy clara, en la medida en que determina una adhesión sin atenuantes al universo de los indígenas, generando dos cauces de expresión que se convertirán en sendos rasgos de estilo: la representación épica y la introspección lírica.
Su primer libro reúne tres cuentos con el título deAgua (1935), que describen aspectos de la vida en una aldea de los Andes peruanos. En estos relatos se advierte el primer problema al que se tuvo que enfrentar en su narrativa, que es el de encontrar un lenguaje que permitiera que sus personajes indígenas (monolingües quechuas) se pudieran expresar en idioma español sin que sonara falso. Ello se resolvería de manera adecuada con el empleo de un "lenguaje inventado": sobre una base léxica fundamentalmente española, injerta el ritmo sintáctico del quechua. En Agua los conflictos sociales y culturales del mundo andino se observan a través de los ojos de un niño. El mundo indígena aparece como depositario de valores de solidaridad y ternura, en oposición a la violencia del mundo de los blancos.
Yawar fiesta (1941) plantea un problema de desposesión de tierras que sufren los habitantes de una comunidad. Con esta obra el autor cambia algunas de las reglas de juego de la novela indigenista, al subrayar la dignidad del nativo que ha sabido preservar sus tradiciones a pesar del desprecio de los sectores de poder. Este aspecto triunfal es, de por sí, inusual dentro del canon indigenista, y da la posibilidad de entender el mundo andino como un cuerpo unitario, regido por sus propias leyes, enfrentado al modelo occidentalizado imperante en la costa del Perú.
En Los ríos profundos (1958), José María Arguedas propone la dimensión autobiográfica como clave interpretativa. En esta obra se nos muestra la formación de su protagonista, Ernesto (que recobra el nombre del niño protagonista de algunos de los relatos de Agua), a través de una serie de pruebas decisivas. Su encuentro con la ciudad de Cuzco, la vida en un colegio, su participación en la revuelta de las mujeres indígenas por la sal y el descubrimiento angustioso del sexo son algunas de las etapas a través de las cuales Ernesto define su visión del mundo. El mundo de los indios asume cada vez más connotaciones míticas, erigiéndose como un antídoto contra la brutalidad que tienen las relaciones humanas entre los blancos.
La novela siguiente, El Sexto, publicada en 1961, representa un paréntesis con respecto al ciclo andino. "El Sexto" es el nombre de la prisión de Lima donde el escritor fue encarcelado en 1937-1938 por la dictadura de Benavides. El infierno carcelario es también una metáfora de la violencia que domina toda la sociedad peruana.






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Publicado por Unknown

DRÁCULA


BRAM STOKER









 Es la asombrosa historia del Conde Drácula de Transilvania, un vampiro incapaz de amar cualquier ser humano, excepto a una hermosa mujer. La leyenda del vampiro existe en varias culturas. Sin embargo, nunca ha sido tan bien relatada como en el caso del Drácula de Stoker. La historia se desarrolla a partir de las cartas que se envían los personajes entre sí, diarios y recortes de periódicos. Un ambiente de misterio y excelentes decripciones hacen de esta obra una elección inmejorable para los amantes del suspenso. 
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Grandes miradas

Alonso Cueto

 

Alonso Cueto. Foto: Kristin Keenan
Publicada en Perú en 2003, Grandes miradas es la obra más lograda de Alonso Cueto (Lima, 1954), quien durante la década de los 70 vivió en Barcelona y en Madrid y, más tarde, se graduó en la universidad de Austin (Texas) con una tesis sobre la obra de Onetti.

Ha publicado diez libros de narrativa, y ha conseguido el premio Wiracocha y el alemán Anna Seghers por el conjunto de su obra. Su novela, inspirada en hechos reales, podría entenderse como histórica si tras ella no descubriéramos una más honda reflexión moral. Vladimiro Montesinos, el hombre de confianza de Fujimori, decidió asesinar mediante sicarios, tras torturárle, al juez César Díaz Gutiérrez, que en la novela aparece bajo el nombre de Guido Pazos. El novelista parte de un episodio judicial: el no plegarse a los deseos del Gobierno, que pretendía ocultar el tráfico de armas. Nos hallamos, pues, ante una indagación no tanto sobre la política peruana reciente, aunque también puede entenderse así, como ante las dificultades del individuo para resistir la presión de un ambiente terrorífico y los desafueros de un poder dictatorial. Para ello, trazará la figura de Gabriela (Gaby), novia del juez, quien decide vengarlo prostituyéndose hasta lograr una cita a solas con Montesinos. Cuando éste le pregunta quién es, la respuesta es: “Tú -susurra-. Soy tú”.

Sin embargo, las dos figuras de mayor interés son las históricas, convertidas en personajes. La de Montesinos, en su complejidad, resulta convincente y sus manías -que no son pocas- le humanizan, incluso su afán de filmar en vídeo las transgresiones de amigos y enemigos. Ello supondrá su fin. El personaje ocupa el primer plano de la novela, pese a que Cueto ha elegido dos ámbitos sociales: el periodístico y el político. El narrador profundiza y evita los tópicos y, con ello, tornamos al existencialismo. Algo de Conversación en la Catedral descubrimos en Grandes miradas. Es un Perú posterior, más corrupto si cabe, igualmente violento. De hecho, el fin de la novela es la caída de Montesinos y la huida de Fujimori. Alonso Cueto posee una enorme facilidad para el diálogo. Construye el relato de forma casi lineal, aunque nos ofrece una rica variedad de recursos: el monólogo interior (como el decisivo de Montesinos, pág. 258) o el del propio Fujimori, relatos psicológicos, como las figuras de don Osmán Carranza, director del periódico, pero a las órdenes de Augusto de Miraflores; la de Jackie, la pasión de Montesinos, y Mati, su confidente. Pero su mayor facilidad narrativa la descubrimos en la construcción del relato donde suma escenas de gran plasticidad, aunque éstas se reducen a la promiscuidad del personaje y a la violencia. Se sirve también del collage para lograr el ambiente histórico. Es eficaz en el erotismo. Pero el mayor acierto de la novela es la descripción de la corrupción desde el poder y en el poder. Si Montesinos es capaz de abofetear al juez Chato, otro corrupto, no extraña el uso del crimen y la propagación del miedo.

Grandes miradas resulta así una novela política sobre la fugacidad y sus dependencias. Traduce un profundo pesimismo, salvado tan sólo en una de las últimas reflexiones de Gaby a los padres del juez: “La bondad nunca es pura pero la bondad existe, ¿no cree? Existe en todas partes”. El mal o el bien no son, pues, tan sólo un fruto social, sino algo que brota del interior de cada individuo. Recordaremos antes a Mauriac que a Sartre.
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Con esta calculadora determina cuánto alcohol hay en bebidas

Herramienta en línea permite saber la cantidad de alcohol que contienen desde cocteles hasta copas de vino

Con esta calculadora determina cuánto alcohol hay en bebidas
Washington (AP). Las autoridades de salud en Estados Unidos desarrollaron una calculadora para saber la cantidad de alcoholque contienen los cocteles que se beben en época de calor, como la piña colada, la cual puede llegar a contener lo mismo que dos copas de vino.
Una bebida estándar es la cantidad de alcohol en una lata de cerveza de tamaño promedio de 12 onzas, 5 onzas de vino o 1,5 onzas de bebidas destiladas. Es una forma útil de llevar la cuenta de lo que se bebe. Sin embargo, la mezcla de ingredientes puede complicar hacer el conteo.
"La mayoría de las personas no se da cuenta cuánto alcohol toma en realidad", dijo el doctor George Koob, director del Instituto Nacional de Abuso de Alcohol y Alcoholismo de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.
"Obviamente también depende de quién mezcle las bebidas", agregó Koobs.
Por ejemplo, se supone que la piña colada contiene 3 onzas de ron. Si se usan solo 2 onzas, esto equivale a 1,3 bebidas estándar.
Una margarita equivale a 1,7 bebidas estándar, si se prepara con 1,5 onzas de tequila, 1 onza de licor de naranja y media de jugo de limón. Un mojito equivale a 1,3 bebidas y el martini extraseco a 1,4.
Para conocer el alcohol que contiene una coctel, las autoridades desarrollaron una calculadora que puede encontrarse en la página web Rethinking Drinking.

Koob, especialista en la neurobiología del alcohol, tiene algunos consejos a considerar:
  • En el verano: Como el calor da sed, pero el alcohol es diurético, no beber más de una bebida estándar por hora, además de mantenerse hidratado con gaseosa o agua.
  • El cuerpo de las mujeres reacciona diferente al alcohol, no sólo porque algunas veces pesan menos. Ellas no metabolizan el alcohol tan rápidamente y sus cuerpos tienen menos agua. En promedio, a una mujer le toma una bebida menos intoxicarse que a un hombre con el mismo peso.
  • El alcohol no combina con el volante, pero tampoco con salir a navegar, nadar o bucear. Según las autoridades, el consumo de alcohol estuvo relacionado con 70% de las muertes de adultos y adolescentes asociadas con recreación acuática.
  • Los desórdenes por el abuso del alcohol afecta a unas 17 millones de personas en Estados Unidos y los medicamentos "nunca van a curar la enfermedad", de acuerdo con Koob.
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Nace otro país, por Jaime de Althaus

Está naciendo una nueva institucionalidad, en la administración de justicia y la investigación policial, un Estado de derecho

Nace otro país, por Jaime de Althaus



Jaime de Althaus
  • Jaime de Althaus
  • Antropólogo y periodista
Pese a las apariencias, este es acaso el momento más interesante de la democracia peruana en los últimos 14 años. Diversos procesos están estallando simultáneamente, alumbrando una nueva institucionalidad, que, claro, deberá ser bien cuidada y alimentada para que crezca y se fortalezca.
El caso más notorio es la reacción contra el avance incontenible de las mafias. Es una corriente nacional donde se juntan la valentía de víctimas, magistrados, dos o tres congresistas y el papel de la prensa, pero en la que confluye el hecho sin precedentes de que, como ha resaltado César Azabache, la fiscalía, la policía y la contraloría hayan logrado construir, trabajando conjuntamente, unos casos sólidos y bien fundamentados que han permitido detener preventivamente a los presidentes regionales César ÁlvarezKléver Meléndez y Gregorio Santos, y ordenar la detención de Rodolfo Orellana, presunto líder de una megamafia que posee tentáculos en todas las instituciones.
No son palos de ciego. Los casos efectivamente están bien construidos. Lo que está naciendo es una nueva institucionalidad, un nuevo nivel de calidad, en la administración de justicia y la investigación policial. El avance de las mafias de todo orden está obligando a la institucionalidad judicial y policial a transformarse para hacerle frente. La reforma judicial se está dando a la fuerza, como respuesta a las amenazas crecientes, aunque también como cristalización de algunas reformas anteriores.
Pero requiere apoyo y estrategia. Para que la nueva institucionalidad se mantenga, fortalezca y expanda en todo el sistema, se necesitan recursos. La aplicación del nuevo Código Procesal Penal para el complejísimo Caso Orellana, por ejemplo, requiere adecuar juzgados, como ha señalado Enrique Mendoza, presidente de la Suprema.Azabache, por su lado, recomienda concentrarse en pocos grandes casos como los arriba mencionados, en lugar de desperdigar el escaso presupuesto en la gran cantidad de denuncias que hay. Y la conversión de los policías a dedicación exclusiva, así como el fortalecimiento de las unidades de inteligencia, tampoco es gratis.
Se estaría alumbrando al fin un Estado de derecho en el territorio, sin el que la producción tampoco puede crecer indefinidamente. En los últimos 23 años la economía ha crecido pero la institucionalidad –salvo la relativa a la regulación económica– se ha descompuesto. Parece que llegó el punto de inflexión. Pues no es lo único: hay un movimiento masivo en varios órdenes. A lo anterior se suman la reforma del servicio civil, de la salud, de la educación, del presupuesto por resultados y la reciente aprobación de una unidad operativa para intervenir temporalmente gobiernos regionales (aunque hace falta mucho más para desfeudalizar el país).
De todo eso se ha dado cuenta Moody’s y nos ha subido dos escalones. Pero hay que subirlos realmente, y eso demanda apoyo político. En el tema judicial, la democracia sola reacciona y produce los cambios. Pero la democracia también produce los altos decibeles de la trifulca política que impiden ayudar, ocultan los avances y llevan a que nadie capitalice la popularidad que debería venir con las mejoras. Hay que sumar un poco más.
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